Psicología

Más allá del apego

Lydia Viñuela ·
Más allá del apego

Seguro que has escuchado hablar del apego. Bien en redes sociales, en la sección de libros del Fnac o porque tu compañera de piso te ha dicho que su ex es un narcisista con apego ansioso.

Origen y contexto de la teoría del apego

De vez en cuando se popularizan términos relacionados con la psicología: la resiliencia, el narcisismo, las personas altamente sensibles… Pero hoy, en concreto, vamos a hablar del apego.

La teoría del apego fue desarrollada por Bowlby, que pertenecía a la corriente psicoanalítica. A pesar de que rechazó muchas de estas teorías y fue criticado por sus compañeros, su teoría se ve manchada por estos matices psicodinámicos, puesto que no quiso que la teoría se asociase al conductismo.

¿Qué es el apego, según Bowlby? En palabras de este autor: El vínculo entre la madre y su hijo influencia todas las relaciones íntimas posteriores en su vida. En definitiva, cómo ha sido la maternidad y la calidad de esta se generalizará a sus relaciones posteriores a lo largo de toda la vida.

Básicamente, lo que dice siempre el psicoanálisis: la infancia es determinante, y tu madre tiene la culpa de todo (pelín machista siempre, pero eso da para otro post).

Por un lado, esta teoría tiene sentido. Es cierto que los aprendizajes que cosechamos durante nuestra vida, incluyendo la infancia, influyen en el presente. Pero, actualmente, sabemos que la infancia no es determinante.

Así que sí, como te relacionas con las personas de tu entorno (no solo con tus padres) durante los primeros años de vida (y todos los siguientes), implica que estableces patrones de aprendizaje a la hora de relacionarte, que luego irás replicando.

Pero las personas cambiamos y aprendemos a lo largo de los años. Y por tanto, nuestra manera de relacionarnos también. La relación que tuvieras con tus padres no lo determina todo.

La teoría del apego fue un buen intento de convertir en científica una teoría psicoanalítica, aunque les salió el tiro por la culata. La manera en la que describe cómo establecemos relaciones es excesivamente simplista.

No podemos colocar a una persona en un solo tipo de apego. Es probable que se relacione de manera distinta en diferentes contextos.

Además, lo que esta teoría trata de explicar, podemos hacerlo desde el análisis de conducta, que nos ofrece bastante más luz sobre cómo nos relacionamos que una simple etiqueta.

Apego vs. aprendizaje: la visión del conductismo

Si enfocamos el apego desde el conductismo, podemos ver que hace referencias a un repertorio de conductas. Cómo te has ido relacionando forma parte de tu historia de aprendizaje (junto con otros factores). Sin embargo, al emplearlo como una etiqueta, nos ponemos el soy. Y esto la convierte en inamovible.

Hablamos de los tipos de apego como si se tratase de algo inherente a la persona y sin posibilidad de cambio. Cuando no es así.

Esto nos sirve para justificar nuestras conductas y aliviar la culpa cuando hacemos algo que puede ir en contra de nuestros valores, o para explicar o justificar la conducta ajena si no sabemos a qué se debe.

Por ejemplo, si estoy quedando con un chico, y de repente me hace ghosting, es más fácil para mí decir que es un clarísimo “apego evitativo”, que asumir otras explicaciones entre las cuáles puede estar que yo no le gusto (aunque tampoco tiene porqué ser esa, la cuestión es que no lo sabes, Carlota).

Repensando las etiquetas y abriendo nuevos caminos

Otro problema añadido: los psicólogos divulgando sobre apego y etiquetando a los consultantes.

Se trata de un tipo de contenido sencillo, con gancho, que hace que cualquiera pueda identificarse con facilidad en cualquiera de los tipos de apego. Al ser categorías tan generales es fácil caer en el Efecto Forer.*

Ya hablaremos en otro post de este efecto, pero básicamente es la explicación de porqué piensas «si soy» cada vez que lees tu horóscopo, o porqué ahora todo el mundo cree que es PAS.

Y acabamos jugando con términos (que ni siquiera son útiles a nivel terapéutico), como si la psicología fuera el horóscopo.

Al final, como esto no solo pasa con el apego, acabas siendo PAS, personalidad tipo B, con apego desorganizado, narcisista a ratos y ascendente piscis.

Por no hablar de que la gente juegue a etiquetarse da dinerito. Divulgar sobre los tipos de apego y que te identifiques con uno, permite vender. Ya sea libros específicos, talleres y formaciones. Y no solo a ti, sino también a los psicólogos, para que cuenten con formación para trabajar con estas etiquetas (formación por supuesto, ultrarequetehiper imprescindible para trabajar).

Y esto lo hemos visto con los apegos, el narcisismo, la EMDR, y cada vez más cosas.

Es fácil caer en este tipo de contenido, porque las etiquetas nos dan mucha sensación de control. Por ejemplo, puedo leer sobre apego evitativo para saber cómo actuar ante el cucaracho que me hace ghosting y que así no se pire de mi lado. Cuando es algo que no depende de ti en absoluto.

En definitiva, la psicología no es como el horóscopo, donde hay una serie de términos y puedo jugar a ver con cuál encajo más. A ver si el apego evitativo y el ansioso acaban juntos como los piscis y los acuario (no sé si encajan porque de horóscopo no llegué a hacer el máster, sorry).

Nuestro comportamiento se explica mediante leyes de aprendizaje, y por tanto, cómo nos relacionamos también; y para eso tenemos herramientas como el análisis funcional, que tu psicólogo/a conductista que te quiere se curra con esmero.

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